New Lanark, Patrimonio de la Humanidad

New Lanark, Patrimonio de la Humanidad

Érase una vez… un hombre que tenía un sueño que persiguió durante toda su vida. Su sueño consistía en crear una sociedad en la que los obreros pudieran tener una gran calidad de vida, redundando esto en la productividad de su trabajo. Este señor se llamaba Robert Owen, y su sueño lo vio cumplido en el pequeño pueblecito de New Lanark. Aunque hoy, más de 150 años después de su fallecimiento, existen algunos empresarios que comparten las ideas de Owen, desgraciadamente todos sabemos que la gran mayoría de ellos siguen tratando a los trabajadores como simples peones de sus intereses para lograr sus objetivos. Pero eso es otra historia, y hoy voy a escribir sobre este soñador y sobre New Lanark.

Robert Owen nació en Newton, una pequeña localidad de Gales, el 14 de mayo de 1771. Era hijo de un modesto artesano, y tuvo una educación autodidacta hasta los diez años, edad en que comenzó a trabajar en una tienda de telas. Tras vivir en Londres y en Manchester, a los 21 años ya era el director de la Chorlton Twist Mill en esta última ciudad, fábrica que producía algodón. Era, está claro, un hombre emprendedor, con gran capacidad de gestión y además poseía unos puntos de vista morales muy progresistas. De hecho se convirtió en integrante de la Junta de Salud de Manchester, para poder promover la mejora de la salud y las condiciones de trabajo de los trabajadores en la fábrica.

Robert Owen

En una visita a Glasgow, Robert Owen conoció a una joven de la que se enamoró. Lo importante de esta historia es que se trataba de Caroline Dale, hija de David Dale, fundador de la fábrica de tejidos de New Lanark. Owen convenció a sus socios en Manchester de que deberían comprar la fábrica, y así ocurrió. Tras casarse con Caroline en septiembre de 1799, fijaron su residencia en esta pequeña localidad, donde él se hizo cargo de la fábrica en calidad de gerente y copropietario. Alentado por su gran éxito en Manchester, él esperaba repetir este mismo nivel de consecución en New Lanark, basándose en sus principios y no en aspectos comerciales.

Más adelante explicaré con más detalle la historia de New Lanark, que en realidad es el tema principal de este artículo. Por continuar ahora con la historia de Robert Owen, del que debo hablar ya que es parte fundamental de la crónica de este pueblo, diré que buscó la forma de promover una sociedad mejor desde su posición como empresario. Su gestión en New Lanark fue un experimento innovador, ya que consiguió lo que la mayoría de los empresarios de aquella época ni siquiera se planteaban (incluso muchos de los de hoy en día): que la empresa arrojara beneficios introduciendo mejoras sustanciales para los trabajadores. Elevó los salarios, sentó las bases de una seguridad social mutualista y proporcionó a los obreros condiciones dignas de vivienda, sanidad y educación. Éste último fue para él el objetivo esencial, pues consideraba que una educación liberal y solidaria sería el mejor instrumento para acabar con la delincuencia y poner las bases para un futuro de justicia e igualdad. En resumidas cuentas, la convicción de Robert Owen era que cuanto más contento estuviera el trabajador, algo que por otra parte era de justicia, mejor rendiría en su trabajo.

New Lanark, Escocia

Fue durante esta época en la que escribió algunas de sus obras más importantes, quizá la que más, Una nueva visión de la sociedad, editada en 1814. A grandes rasgos se puede decir que trata sobre las reformas del régimen industrial y sus consecuencias para el carácter humano.

Pero el verdadero ideal de Robert Owen, que persiguió a lo largo de su vida, fue un tipo de sociedad utópica. Él consideraba que la mejor forma que podía adoptar una comunidad era la de cooperativa. Postulaba que una sociedad perfecta sería aquella en la que las diferentes comunidades contaran con de 500 a 3.000 personas. Para una cifra perfecta de 1.200 individuos, el espacio de tierra para su desarrollo debería ser de unos 5 km2, viviendo en grandes edificios de plantas cuadradas, con cocina pública y comedores. Cada familia debería tener su apartamento privado para respetar su privacidad, y educarían a sus hijos hasta los tres años de edad, cuando su educación pasaría a ser responsabilidad de la comunidad. Él proponía crear una vida de completa igualdad en cuanto a los salarios, recibiendo cada familia lo que necesitaran en función de su tamaño. Para concluir, su modelo establecía que las comunidades deberían ser fundamentalmente agrícolas, ofrecer todas las variedades posibles de empleo y en definitiva, ser autónomas. A medida que estos municipios (como los llamaba) crecieran en número, se formarían federaciones de ellos en círculos de decenas, cientos y miles hasta llegar al mundo entero, todos unidos en un interés común.

Animado por el enorme éxito que estaba consiguiendo como gerente de la fábrica de New Lanark, Robert Owen intentó establecer este proyecto de sociedad utópica en Indiana, Estados Unidos. En 1825 compró la comunidad de Harmony para fundar New Harmony, e invitó “a todos y cada uno” a unirse a él allí. Tras dos años, Owen abandonó su proyecto debido a su rotundo fracaso. Según sus palabras, al proyecto acudieron un buen número de personas muy interesadas en él, pero al mismo tiempo atrajo a bastantes vagabundos, soñadores, perezosos y estafadores sin escrúpulos. Sea como fuere, Owen regresó a Gran Bretaña arruinado.

Tras una serie de fricciones con los socios de su empresa en New Lanark, debido principalmente a que éstos no estaban de acuerdo con la gestión tan generosa hacia los obreros que estaba llevando a cabo Robert Owen, rompió definitivamente sus vínculos con este lugar en 1828. Se estableció en Londres, donde centró todas sus energías en defender los intereses de los trabajadores, y se vinculó con el Movimiento Obrero Británico. Como resultado de sus ideas y de sus esfuerzos, en 1832 ya existían unas 500 cooperativas que englobaban a 20.000 trabajadores. En 1833 creó la Gran Unión Consolidada de Oficios, primera central sindical con ámbito nacional que llegó a tener medio millón de afiliados, con el objetivo de controlar todo el movimiento obrero británico.

Todavía llegó a apoyar una nueva comunidad utópica en Harmony Hall, en Hampshire, Inglaterra, la cual fracasó nuevamente. Editó un periódico de propaganda socialista, El Nuevo Mundo Moral, que cerró en 1846. Hacia el final de su vida tuvo un acercamiento al mundo espiritista, tras una serie de sesiones con una médium americana. De hecho llegó a afirmar que tuvo contacto con los espíritus de Benjamin Franklin y Thomas Jefferson, entre otros. Fallecido en 1858, es curioso saber que todavía hay quien defiende que su espíritu trabajó después de muerto: dicen que dictó Los siete principios del espiritismo a la medium Emma Hardinge Britten en 1871.

Independientemente de los sucesos ocurridos hacia el final de su vida, es indiscutible la influencia que tuvo Robert Owen sobre la sociedad de su época. Sus ideas de la reforma social tuvieron un profundo calado por innovadoras y humanas. El mayor éxito de su vida como empresario lo consiguió en New Lanark, donde los trabajadores lo amaban. Por tanto llegados a este punto, y habiendo establecido de la forma más breve que me ha sido posible las bases de la vida de este hombre, creo que ha llegado la hora de que empiece a comentar lo que es este pueblo desde un punto de vista histórico y desde el mío propio.

New Lanark se sitúa a orillas del río Clyde, en un emplazamiento que fue elegido por David Dale, quien fundó el pueblo en 1785 con la idea de construir una fábrica de algodón y viviendas para los trabajadores y que consideraba que el lugar era el idóneo debido a que podría aprovechar la energía hidráulica que le ofrecía el río. Dale también hizo construir una presa aguas arriba y el agua del río se redirigió para alimentar a las máquinas de la fábrica.

Como decía anteriormente, en 1800 Robert Owen se hizo cargo de la gerencia de la fábrica tras comprársela, junto a sus socios, a David Dale. Por aquellos tiempos la población de New Lanark rondaba las 2.500 personas, quienes eran en su integridad trabajadores de la fábrica, o bien de servicios que necesariamente eran requeridos por los habitantes. Muchos de ellos eran trabajadores pobres llegados de Glasgow y Edimburgo, quienes llegaron a este lugar con una nueva esperanza de una mejor vida. De hecho, bajo la dirección de David Dale las condiciones de la fábrica no eran ni con mucho las peores que uno se podía encontrar en aquella época.

New Lanark 1983

A pesar de esto, y debido a sus principios, Robert Owen decidió mejorar drásticamente estas condiciones laborales. Prohibió que los niños menores de edad trabajaran en la fábrica de algodón y estableció un innovador sistema de escolaridad en uno de los edificios del pueblo, el Instituto para la Formación del Carácter, que incluía el primer parvulario del mundo y ofrecía clases nocturnas. En esta escuela los castigos estaban prohibidos y se impartía una gran variedad de asignaturas: música, arte, naturaleza, geografía, historia, lectura, escritura y aritmética.

Escuela de la infancia en New Lanark

Por su parte los residentes del pueblo tenían atención médica gratuita, un fondo de enfermedad y una caja de ahorros. Además tenían un economato, es decir, una tienda de comestibles en el pueblo a precios muy asequibles. Los horarios de trabajo también fueron reducidos, de manera que la jornada laboral se estableció en diez horas. Aunque hoy en día esto puede parecer excesivo, hay que tener en cuenta que el estándar normal de aquella época estaba en torno a las catorce horas.

También introdujo un sistema de colores para identificar la calidad del trabajo de los obreros, que podía ser bueno, normal o malo. Owen acostumbraba a pasear por la fábrica sin decir palabra, observando el trabajo de los operarios. Por poner un ejemplo, en el caso de que el trabajo de alguno no fuese satisfactorio, colgaba del techo una tarjeta negra para identificarlo. Así el trabajador, que había visto reducida su jornada, tenía atención sanitaria gratuita y demás mejoras laborales, no podía sino sentir vergüenza al no estar correspondiendo adecuadamente con su trabajo a la confianza que se había depositado en él.

Los trabajadores de la fábrica recibieron inicialmente a Robert Owen con reticencia ante el cambio de gerencia, ya que como decía las condiciones de las que disfrutaban, aunque no buenas, podían ser mucho peores. Sin embargo pronto se ganó la confianza de todo New Lanark. La fábrica tuvo un gran éxito comercial bajo la dirección de Owen, ya que sus ideas de mejorar la calidad de vida de los trabajadores no eran sino acertadas. Los operarios se esforzaban en su trabajo diario ya que agradecían profundamente el trato que se les dispensaba, y de hecho se puede decir que el éxito comercial también era de su interés ya que así la fábrica continuaría funcionando y ellos trabajando.

New Lanark alcanzó la fama por toda Europa. Muchos aristócratas, líderes de estado y reformadores visitaron la fábrica, encontrándose con un entorno de trabajo limpio y saludable, una plantilla exultante y una economía próspera, y asombrándose de que, al contrario de lo que se pensaba entonces, no era necesario tratar mal a los trabajadores para obtener un beneficio económico.

Cuando Owen acometió el proyecto de New Harmony, que reseñé anteriormente, la dirección de la fábrica pasó a la familia Walker, quienes mantuvieron el control hasta 1881. En esa fecha fue vendida a Birkmyre y Sommerville, quienes conservaron la propiedad del pueblo, primero ellos mismos y posteriormente a través de las empresas que le sucedieron. Todos estos propietarios continuaron con el pensamiento de Robert Owen, de hecho las condiciones progresaron aún más: a mediados del siglo XIX, cada familia vivía en una habitación, pero esto fue mejorando gradualmente hasta que a principios del siglo XX ya disponían de varias habitaciones para cada una de ellas. En 1933 las casas ya tenían lavabos con grifos de agua fría y los aseos exteriores comunales fueron sustituidos por instalaciones interiores.

New Harmony

New Lanark fue un ejemplo de sociedad trabajadora, productiva y feliz. Sin embargo, el producto que se fabricaba allí entró en declive en la segunda mitad del siglo XX, y finalmente la fábrica cerró sus puertas en 1968. Los habitantes comenzaron a abandonar el pueblo, y los edificios se deterioraron. En 1975 se fundó el New Lanark Conservation Trust (Fondo de Conservación), que evitó la demolición de New Lanark. Desde entonces la mayoría de los edificios han sido restaurados y hoy en día se ha convertido en una importante atracción turística.

Se estima que unas 400.000 personas visitan el pueblo cada año. Su importancia fue reconocida por la UNESCO en el año 2001, cuando lo declaró como el cuarto de los lugares de Escocia que son Patrimonio de la Humanidad. Por cierto que los otros tres son la Old Town y la New Town de Edimburgo, el archipiélago de Santa Kilda y el núcleo neolítico de las Islas Orcadas. Hoy en día habitan en New Lanark unas 180 personas, que residen en los edificios georgianos modernizados en su interior. Se ha intentado mantener la autenticidad histórica del lugar, de manera que no están permitidas las antenas de televisión o las parabólicas, y aunque disponen de teléfono, televisión y electricidad, los cables que proveen estos servicios están enterrados. Por cierto que la fábrica opera hoy en día fabricando telas, aunque a un nivel de producción muy escaso.

He estado en New Lanark en muchas ocasiones, me parece una visita interesantísima. Para empezar el paraje me parece muy bello, con el río Clyde corriendo a la vera del pueblo. Se puede pasear tranquilamente por el lugar y la sensación de que nos hemos trasladado al siglo XIX no nos abandonará. Además existen diversas atracciones a las que se puede acceder. Una de las casas de los obreros, en donde se aprecian perfectamente las condiciones en las que vivían en 1820. También se restauró la tienda del pueblo, con la decoración de la época e imitando el establecimiento original. Mención especial merece la propia casa de Robert Owen, donde encontramos una exposición sobre su estilo de vida.

Despacho de Robert Owen en New Lanark

Pero entre las partes que más me gustan de New Lanark está el Centro de Visitantes, desde donde se accede a la fábrica y se pueden ver las máquinas en funcionamiento, además de poder montar en una especie de vagón mediante el cual podemos disfrutar de un viaje audiovisual (en español si se quiere) en el que Annie McLeod, una joven trabajadora de la fábrica en la época, nos irá explicando la historia del pueblo y diversas anécdotas muy curiosas. También me llama bastante la atención la Escuela de la Infancia, lugar donde se puede ver cómo era un aula en el New Lanark de 1820, y que por cierto está bastante bien recreada, incluyendo los uniformes que se usaban en clase, materiales de cada una de las asignaturas que se impartían y un enorme globo terráqueo de la época.

En el mismo edificio de la escuela se encuentra una sala de cine en la que se proyecta a determinadas horas, también en español si se solicita, una película donde una visitante del año 2200 viaja a New Lanark apuntando las cuestiones que resultaron de importancia para Robert Owen y que todavía tienen relevancia para los ciudadanos del mundo del siglo XXI. Y la última parte de este edificio alberga una exposición sobre la restauración del pueblo, a raíz de la fundación del Fondo de Conservación, titulada “Salvando a New Lanark”.

Como colofón, en el pueblo podemos encontrar la típica tienda de artículos de recuerdo, además de una cafetería, un albergue juvenil e incluso un hotel, que está situado en el antiguo emplazamiento de la fábrica nº 1 y cuyo edificio data del siglo XVIII, y que cuenta con 38 habitaciones.

Recreación de la tienda en New Lanark

Bajo mi punto de vista New Lanark es un lugar que merece la pena visitar, no en vano es Patrimonio de la Humanidad, y un emplazamiento cargado de historia positiva, donde los habitantes eran felices gracias al trato que se les dispensaba. Como siempre digo, Escocia es un país que encierra multitud de lugares muy bellos, y este pueblo es uno de ellos. Si decides viajar a Escocia, bien puede ser éste uno de tus destinos, ya que no te arrepentirás.